Cuando la vida se mueve, el error no es el caos: es el piloto automático

Qué no hacer cuando todo parece desordenarse y por qué ese momento es más importante de lo que parece

¿Te reenviaron este correo? Suscríbete gratis aquí.

Hay momentos, y esta última semana fue uno de ellos, en los que algo se mueve fuerte. No solo en una persona, sino en muchas al mismo tiempo. Lo ves en tu vida, lo escuchas en amigos, lo notas en la gente con la que trabajas, aparece en conversaciones, en decisiones que se tambalean, en emociones que suben sin aviso.

A veces eso tiene que ver con movimientos colectivos, con energías que están más activas de lo habitual. No hace falta entender sobre ciclos lunares, astrología ni espiritualidad para notarlo. El cuerpo lo siente antes que la mente. Hay más cansancio, más sensibilidad, menos paciencia. Más angustia. Cosas que parecían claras dejan de estarlo por unos días.

El problema no es que eso pase. El problema es qué hacemos cuando pasa.

La mayoría entra sin darse cuenta en piloto automático. Un modo viejo, aprendido, casi como un acto reflejo. Cuando algo se mueve, cuando algo incomoda, aparece la urgencia por arreglar. Resolver. Decidir rápido para evitar sentir lo que no se siente bien. Y lo primero que tendemos a hacer es volver a poner todo bajo control. Ordenar lo externo para calmar lo interno.

Ese impulso es muy humano. Y al mismo tiempo, es el que más enreda y drena.

Cuando la vida se desacomoda un poco, tendemos a compensar. Si algo duele, buscamos taparlo con acción. Si aparece incertidumbre, llenamos la agenda. Si un vínculo se mueve, hablamos de más. Si el trabajo incomoda, pensamos en cambios drásticos sin pausa. Todo ocurre rápido, casi sin respiración.

El cuerpo está inquieto y la mente quiere apagar esa sensación cuanto antes.

Ahí es donde muchas personas se equivocan sin darse cuenta. Confunden el movimiento con un error. Confunden la incomodidad con peligro. Confunden una pausa con retroceso. Y entonces repiten exactamente lo que siempre hicieron… esperando que esta vez funcione distinto.

Cuando no hay una calma interna, la acción empieza a controlar y a pesar. Todo cuesta más. Las decisiones se sienten forzadas. Nada termina de acomodarse. Hay mucho movimiento y poco alivio. Eso no es falta de capacidad. Es exceso de reacción.

Hay momentos en los que la vida no está pidiendo que arregles nada. Está pidiendo que no salgas corriendo. No para quedarte paralizado, si no para quedarte presente.

Quedarte presente es escuchar lo que el cuerpo está mostrando antes de actuar. Es no tomar decisiones importantes desde el nervio alterado. Es permitir que la emoción pase sin tener que explicarla, justificarla o convertirla en plan.

Traer luz a este punto es clave, porque casi nadie lo aprendió. A la mayoría nos enseñaron que madurar es poder con todo, seguir adelante, no frenar, no sentir demasiado. Y ese aprendizaje funciona… hasta que deja de funcionar.

Cuando se sostiene durante mucho tiempo una forma de vivir que ya no encaja, el cuerpo empieza a avisar. Primero suave. Luego más fuerte. Y cuando esos avisos llegan, reaccionar en automático suele tapar el mensaje.

Este tipo de semanas no vienen a complicarte la vida. Vienen a mostrarte algo. A veces una forma de vivir agotada. A veces una decisión postergada. A veces una emoción que no tuvo espacio. A veces un ritmo que ya no es sostenible. Y muchas veces aparece el ego evitando pedir disculpas que sí hacen falta, endureciéndose, cerrándose, sosteniendo una postura solo para no ceder, aunque por dentro algo ya sabe que ese gesto sería un alivio.

Nada de eso se ve claro cuando uno corre a arreglar.

Por eso, a veces, lo más consciente no es hacer más, sino hacer menos y sentir más. Darle unos días al cuerpo. Bajar la exigencia. Dormir un poco más. Decir menos. Escuchar más. Esperar a que el sistema interno vuelva a un punto de calma antes de decidir. Cuando eso ocurre, algo se ordena solo. La mirada cambia. El problema deja de verse como enemigo y empieza a verse como señal.

Muchas personas llegan a procesos de crecimiento personal cuando ya están cansadas de vivir así: reaccionando cada vez que la vida se mueve, apagando incendios internos, buscando estabilidad afuera sin tenerla adentro.

Existen espacios para aprender justamente eso: a no entrar en pánico cuando algo se desordena, a no vivir desde el piloto automático, a construir un equilibrio interno que no dependa de que todo esté perfecto afuera.

Ese aprendizaje no es mental. Es corporal. Y cuando empieza a integrarse, la frase “todo está bien” deja de ser una idea bonita… y empieza a sentirse real, incluso en medio del movimiento.

Inscripción abierta…

Si al leer esto sientes que algo se ordena por dentro, que no es información nueva pero sí una forma distinta de mirar lo que ya sabes, entonces probablemente estés en el punto exacto donde empieza el próximo proceso.

El Martes 10 de Marzo se abre un nuevo grupo de trabajo profundo, donde todo esto no se queda en ideas ni reflexiones, sino que se baja al cuerpo, a la vida diaria y a la forma en que sostienes tu existencia dentro del sistema.

Este programa no es para todo el mundo. Es para quienes ya vieron demasiado y se dieron cuenta de que seguir solos, reaccionando en automático, ya no alcanza. Es para quienes sienten el movimiento interno y saben que este tramo no se atraviesa sin sostén real.

Si quieres entrar al próximo grupo, escríbeme por whatsapp. No es información general. Es una puerta que se abre una vez y tu verdad lo va a reconocer en el momento indicado.

👉 Para más información por whatsapp, haz click acá.

⚡ Cupos limitados — No por escasez artificial, sino porque este trabajo requiere presencia real.

Aquí empieza otra forma de habitarte: de verdad.

💌 Si valoras la verdad…

Recuerda que puedes ayudarnos de dos maneras: reenviando este correo a alguien que lo necesite, o haciendo una contribución voluntaria. Porque cada contribución, por pequeña que parezca, también cambia el mundo (aunque sea el café para seguir escribiendo esto). Recibimos tu contribución amorosa aquí.

In love 🤗 🤍