Cerrando un año, soltando la carga, abriendo un nuevo comienzo

Un mensaje de cierre consciente, una pausa necesaria y la antesala de un 2026 que no empieza con promesas, sino con verdad encarnada.

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Este cierre de año no llega como un punto final, llega como un umbral. Un lugar donde se hace silencio para poder escuchar qué fue lo que de verdad se movió por dentro. Porque si algo quedó claro a lo largo de estos meses es que no todo lo importante hace ruido, y no todo lo que duele es retroceso. Hubo encuentros, preguntas incómodas, verdades que no se podían seguir esquivando y una sensación compartida de que algo ya no encajaba del todo, aunque por fuera pareciera que sí.

Este espacio existió para eso. Para mirar sin anestesia. Para incomodar con amor. Para recordar que no hay nada mal en ti, que no te falta nada, que lo que se sentía como vacío era, en realidad, un llamado. A lo largo del año se habló de la trampa de vivir bien por fuera mientras algo por dentro se marchita, de la espiritualidad que calma pero no transforma, de la necesidad de volver al cuerpo, a la energía, a la verdad sin maquillaje. Cada conversación fue un espejo, y cada espejo dejó ver algo distinto según el momento interno de quien miraba.

Durante los últimos dos sábados hubo ausencia. No fue desconexión, fue foco. Ese tiempo estuvo puesto, por completo, en el nacimiento de un nuevo libro y programa: Porno Espiritual. No como provocación vacía ni como consigna fácil, sino como una exploración profunda de algo que atraviesa a todos y que el sistema prefiere mantener fragmentado: la energía sexual como fuerza de conciencia, de creación y de verdad. Este proyecto no viene a enseñar técnicas ni a sumar información, viene a desmontar mentiras aprendidas sobre el cuerpo, el deseo, el amor y el poder personal. Viene a mostrar cómo se usa la sexualidad para controlar, anestesiar y domesticar, y cómo, al recuperarla de forma consciente, se recupera también soberanía interna, claridad y dirección. Lo que se está gestando no es cómodo, pero es honesto. Y lo honesto, cuando se encarna, siempre transforma.

Este mensaje de fin de año no busca cerrar con frases lindas ni con promesas infladas. Busca dejar una síntesis viva de lo que se vio y se trabajó, y preparar el terreno para lo que viene. El 2025 es un año 9, un año de cierres reales, no simbólicos. Cierres de personajes agotados, de formas de vincularse desde la carencia, de hábitos que ya no sostienen. El 2026 es un año 1. No porque esté de moda “empezar de nuevo”, sino porque la energía empuja a iniciar desde otro lugar, con menos ruido y más verdad. Subirse a esa ola no es decretar, es aligerar. Y aligerar implica soltar.

A lo largo del año aparecieron, una y otra vez, cinco patrones que sostienen el desgaste interno. No como lista moral ni como mandato, sino como hábitos casi invisibles que drenan energía. El primero es el impulso constante de controlar. Controlar la vida, a los otros, los resultados, las emociones. El control nace del miedo y el miedo aprieta. Cuando se afloja la necesidad de que todo salga según el guion, algo se acomoda solo. No se trata de resignación, se trata de confianza. Y la confianza es una frecuencia mucho más liviana.

El segundo hábito es vivir como esponja emocional. Absorber lo que sienten los demás, cargar con problemas ajenos, confundir empatía con autoabandono. Sentir no implica perderse. Acompañar no implica drenarse. Cuando el campo interno se ordena y se respetan los límites, la energía deja de dispersarse y la presencia se vuelve clara.

El tercero es seguir contándose historias que ya quedaron chicas. Relatos aprendidos en momentos donde no había recursos internos suficientes. “No puedo”, “siempre me pasa lo mismo”, “esto es así”. Las historias no son hechos, son interpretaciones congeladas. Y cada vez que se cuestionan, se abre una posibilidad nueva. No cambia el pasado, cambia la relación con él. Y eso modifica todo.

El cuarto patrón es el resentimiento silencioso. No la bronca explícita, sino el repaso constante del dolor viejo. El cuerpo no distingue entre recordar y revivir. Cada repetición baja la energía y fija la identidad en una herida. Soltar no es justificar, es dejar de sangrar por algo que ya no está ocurriendo. La energía que se libera ahí es enorme.

El quinto hábito es el miedo a ser quien realmente eres. A decir lo que sientes, a habitar el deseo, a no encajar del todo. Cada máscara consume energía. Cada ajuste para ser aceptado fragmenta. La autenticidad no es un ideal romántico, es una necesidad energética. Cuando lo interno y lo externo coinciden, la vibración se estabiliza y la vida responde distinto.

Este cierre de año es una invitación simple y profunda: terminar el 2025 más liviano de lo que empezó. No haciendo más, sino cargando menos. Y entrar al 2026 con dirección, no desde la exigencia, sino desde la coherencia.

Este proceso no se detiene. Solo entra en una pausa consciente para tomar forma. El regreso es el sábado 10 de enero, con más verdad encarnada y menos cuentos cómodos. Lo que viene no es suave, pero es honesto. Y la honestidad, cuando se sostiene en el cuerpo, cambia la vida.

Gracias por estar, por leer, por sentir y por no conformarte. Que el cierre sea verdadero y que el comienzo tenga raíz.

De este recorrido nació Todo está bien, pero nada lo está. Y también algo nuevo que se estaba gestando en silencio: Porno Espiritual. Para quienes sienten el llamado a ser las primeras personas en experimentarlo, la lista de espera ya está abierta.

El nuevo grupo de Todo está bien, pero nada lo está inicia el miércoles 14 de enero. Es un espacio para quienes ya no quieren sostener personajes ni jugar a despertar, sino atravesar el proceso de verdad.

Si te interesa recibir información y ser parte del próximo grupo de Todo está bien, pero nada lo está, 👉 Pide información sobre el programa: “Todo está bien, pero nada lo está”

⚡ Cupos limitados — No por escasez artificial, sino porque este trabajo requiere presencia real.

Aquí empieza otra forma de habitarte.

Coaching para el alma

Tómate unos minutos en silencio antes de que termine el año. No para pensar, para sentir. Pregúntate con honestidad:

¿Qué forma de vivir ya no quiero seguir sosteniendo?

¿Qué personaje está agotado?

¿Dónde estoy controlando por miedo?

¿Qué emoción ajena sigo cargando?

¿Qué verdad estoy postergando decirme?

Desafío vivencial

Como ritual simple, escribe en un papel cinco frases que representen esos hábitos que ya cumplieron su función. No para juzgarlos, sino para agradecerles y soltarlos. Quema ese papel o rómpelo conscientemente. Mientras lo haces, respira lento y profundo. Siente el cuerpo. No visualices nada espectacular. Permite el espacio.

Para anclar lo nuevo, elige una sola acción concreta para el inicio del año 1. No una lista. Una acción que represente coherencia. Un límite, una decisión, una conversación pendiente, un hábito corporal. Algo pequeño, pero real.

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